jueves, 14 de mayo de 2009

De protegido de Grassi a taxi boy

La revista Noticias entrevistó a un joven que fue secretario del cura en el pasado y que, desde octubre, trabaja como acompañante sexual. ¿Cómo es la relación con el cura? El sacerdote ya estaba contra las cuerdas, pero nunca imaginó que uno de sus asistentes saldría en una revista nacional a defenderlo. Pese a que Grassi siempre agradece el respaldo de los pocos que aún lo defienden, en esta oportunidad, lo hundió aún más.“Estoy seguro de que es todo una gran mentira. Es una cama de gente que no banca al padre y lo quiere hundir”. Ese es el argumento con el que Rodrigo Castia defiende a su antiguo guía espiritual.Sucede que Rodrigo, quien supo ser uno de los más obedientes asistentes que tuvo en la Fundación Felices los Niños, se convirtió en taxi boy. Algo que no deja muy bien parado al cura.Rodrigo, quien se hace llamar “Gato” o “Mirlo” en las páginas que ofrecen los servicios de acompañantes (desde la publicación de la entrevista, retiró su aviso de los sitios en cuestión), ingresó a la Fundación a los 13 años, al haberse escapado de su casa a raíz de los golpes que recibía por parte de su padrastro. Hoy, Castia es un hombre de 27 años, fornido, morocho y de ojos claros. Y, aprovechó su presencia y su metro 85 para lucrar. “Quería tener mi departamento, mis cosas y hacer mi vida. Y esto da plata”, resumió a NOTICIAS del porqué de su elección laboral. “Esto no tiene nada que ver con él”, dijo en referencia a Grassi, desligándolo del escándalo.¿Cuál era el vínculo de Castia y Grassi dentro de la Fundación? “Andaba con la Biblia debajo del brazo todo el día y decía que quería ser cura”. La admiración era evidente. De hecho, el joven discípulo manifestó que acompañaba al “padre” a “casi todos lados”. Así fue como presenció los programas de Raúl Portal y Lita de Lazzari, y conoció al ex presidente Carlos Saúl Menem: “que se portó muy bien porque iba seguido a la Fundación a inaugurar obras”.Esos tiempos habían sido muy felices, pero Castia cumplió la mayoría de edad y debía dejar la Fundación. Sin embargo, el cura le prestó una “casita apartada” dentro del predio para que él pueda vivir solo. Cinco fueron los años que Rodrigo acompañó al sacerdote como su secretario hasta que, un día, vio un aviso en el que buscaban “recepcionista para un departamento privado”. Tal como destaca NOTICIAS, esa fue “la puerta de ingreso a la prostitución”. ¿Cuál era la tarea que tenía que cumplir? “Lo ayudaba con sus tareas. Íbamos juntos de madrugada a la radio. El padre tenía programas en Rivadavia y en El Mundo”. Pero, además, “si lo veía solo le hacía compañía, le preparaba unos mates”.Asimismo, Grassi le dio “una mano para entrar al ejército” donde estuvo sólo un año porque no le gustó y se fue. Sin embargo, Rodrigo se apena al reconocer que ya no mantiene contacto con el cura: “Entiendo que ya no hablemos. Yo me dedico a esto por una cuestión de plata”, dice en referencia a la profesión que ejerce desde octubre del año pasado.Qué opina de los tres chicos que acusaron a Grassi por abuso sexual:-“Gabriel tenía problemas con sus compañeros y, la verdad, nunca estuvo solo con el padre. Siempre estaba conmigo también y jamás vi que le hiciera nada raro. Ni subía a la habitación de Grassi. Nadie lo hacía, porque Julio no lo permitía. Yo entré a la fundación el mismo día que él. Y ya de entrada empezó a tener problemas con unos pibes que vivían ahí. Era de generar peleas y no sé si llegó a estar tres meses.-“Con Luis, Grassi tenía más confianza, pero tampoco vi nada ni dijo nada. Yo no me hablaba con él. A mí me parecía que era gay y no me caía bien”.-“Ezequiel, ni sé quién es”

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