A fin de año, luego de cumplir diez años de liderazgo al frente de Telefe, Claudio Villarruel y su "socia" Bernarda Llorente cambiaron de camarote: abandonaron la suite y se trasladaron a una habitación común. La idea era hacer desde afuera parte de lo de adentro. Parecía simple; parecía… Durante su estadía en el "sillón presidencial" de Telefe, Villarruel se aferró al primer puesto y no hubo quien pudiera soltarlo. Se le ponderaba su capacidad de reacción, de esperar resultados con paciencia y de lograr sacar productos a flote. También su talento para construir una pantalla con el equilibrio preciso entre contenidos populares y de calidad, dos conceptos que se enfrentan más de lo que conviven en nuestra pantalla.Y así, envalentonado por estos resultados, y con la idea de poder dedicarse a crear sin presiones de alta jerarquía, de poder escribir desde el "había una vez" hasta el "fin", se largó a la mar bajo el nombre ON TV. El primogénito de la nueva productora lo tuvo a Marley como padre y se dio a conocer bajo el nombre de 3,2,1 ¡a ganar! Debutó en febrero y recibió un lugar de privilegio en la grilla del canal. Hasta abril peleó el liderazgo de esta franja con El Trece, y nunca se alejó de las dos cifras. Pero al cuarto mes de aire volvió Justo a tiempo, y el ciclo debió mudarse a la tarde. Se enojó el conductor, a la producción no le gustó mucho, y en su traslado perdió buena parte de su rating. Secretos de amor, su primer producto genuino, representa un mal recuerdo, no sólo porque no llegó a los tres meses de aire, sino porque su mal paso generó controversias entre la protagonista, Soledad Silveyra y el productor.Tras esta experiencia no feliz, el asador de Caín & Abel se llenó de carne: una buena historia y un buen elenco parecían macerar una receta que, tiempo atrás, probablemente no habría fallado. Sin embargo esta historia, por mutuo acuerdo según Telefe, o por decisión del canal, según Villarruel, tampoco llegará a los tres meses. La esperanza es Contra las cuerdas, un buen producto que intenta hacerse grande en Canal Siete y que, tal vez por la política de la TV Pública, no vaya a depender de los cimbronazos del rating. No obstante, los números que pueda alcanzar estarán muy lejos de ser los que alguna vez supo conseguir Villarruel.Nuevamente, la difícil transición entre los dos lados del mostrador vuelve a remarcarse dejando en evidencia a quien hasta hace poco no parecía tener nada para demostrar; hasta hace poco…miércoles, 8 de diciembre de 2010
Difícil transición
A fin de año, luego de cumplir diez años de liderazgo al frente de Telefe, Claudio Villarruel y su "socia" Bernarda Llorente cambiaron de camarote: abandonaron la suite y se trasladaron a una habitación común. La idea era hacer desde afuera parte de lo de adentro. Parecía simple; parecía… Durante su estadía en el "sillón presidencial" de Telefe, Villarruel se aferró al primer puesto y no hubo quien pudiera soltarlo. Se le ponderaba su capacidad de reacción, de esperar resultados con paciencia y de lograr sacar productos a flote. También su talento para construir una pantalla con el equilibrio preciso entre contenidos populares y de calidad, dos conceptos que se enfrentan más de lo que conviven en nuestra pantalla.Y así, envalentonado por estos resultados, y con la idea de poder dedicarse a crear sin presiones de alta jerarquía, de poder escribir desde el "había una vez" hasta el "fin", se largó a la mar bajo el nombre ON TV. El primogénito de la nueva productora lo tuvo a Marley como padre y se dio a conocer bajo el nombre de 3,2,1 ¡a ganar! Debutó en febrero y recibió un lugar de privilegio en la grilla del canal. Hasta abril peleó el liderazgo de esta franja con El Trece, y nunca se alejó de las dos cifras. Pero al cuarto mes de aire volvió Justo a tiempo, y el ciclo debió mudarse a la tarde. Se enojó el conductor, a la producción no le gustó mucho, y en su traslado perdió buena parte de su rating. Secretos de amor, su primer producto genuino, representa un mal recuerdo, no sólo porque no llegó a los tres meses de aire, sino porque su mal paso generó controversias entre la protagonista, Soledad Silveyra y el productor.Tras esta experiencia no feliz, el asador de Caín & Abel se llenó de carne: una buena historia y un buen elenco parecían macerar una receta que, tiempo atrás, probablemente no habría fallado. Sin embargo esta historia, por mutuo acuerdo según Telefe, o por decisión del canal, según Villarruel, tampoco llegará a los tres meses. La esperanza es Contra las cuerdas, un buen producto que intenta hacerse grande en Canal Siete y que, tal vez por la política de la TV Pública, no vaya a depender de los cimbronazos del rating. No obstante, los números que pueda alcanzar estarán muy lejos de ser los que alguna vez supo conseguir Villarruel.Nuevamente, la difícil transición entre los dos lados del mostrador vuelve a remarcarse dejando en evidencia a quien hasta hace poco no parecía tener nada para demostrar; hasta hace poco…
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