Se encontraban en silencio absoluto. El futbolista quiso conquistarla e hizo todo para conseguirlo. Le mandó flores, perfumes; la llamaba, le escribía mensajes vía whatsapp; se hizo "recomendar" a través de conocidos en común.Finalmente, la rubia aceptó y tuvieron su primer encuentro;
siempre en casa de ella. La discreción era la regla; porque a ninguno de
los dos les interesaba que se sepa. No fueron citas extensas. El
futbolista pasaba; dejaba el auto en la puerta de la casa de ella,
bajaba, se hacían unos mimos y él seguía su ruta. Alguna vez tuvieron más tiempo y ella se entusiasmó.La relación no prosperó. No porque ella estuviese molesta por ser su
amante. No había problema por eso. Pero así y todo no siguieron. La
rubia no guarda rencor ni despecho; dice que la pasó bien con él pero
lamenta que no hayan podido seguir viéndose. "Y más teniendo en cuenta que le tuve que bancar los nervios".Los nervios?, dijimos. "Claro -acotó ella-, estaba tan nervioso la primera vez que se inhibió y... no pudo. Al principio no podía",
agregó con cara de nostalgia. Nada que a un señor no le pase alguna
vez, sobre todo inhibido ante semejante potra. Pero que eso se sepa no
le debe gustar ni medio a él.

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