Suena fuerte el título, pero hay que prestar atención a esta fascinación de
“Gran Hermano 2015″ por regodearse en la mierda.Siempre el reality fue un
espejo interesante para observar la sociedad en que vivimos y en esta edición,
el sexo, el alcohol y la violencia marcaron un importante segmento del juego que
ahora derivó directamente a lo escatológico, con una obsesión por el culo y lo
que de él se desprende que sorprende.Desde limpiarse después de defecar en
sábanas ajenas hasta ponerle a una compañera un platito con un sorete propio en
la cama, todo forma parte del show.La imagen
de Mariano Beron con el bonete de cumpleaños de Romina en su
orificio posterior ejemplifica como pocas fotos el valor que algunos
participantes del juego le dan a las relaciones humanas, fascinados por mirarse
ante los espejos sabiendo que los de afuera los están observando, escantados con
las decenas de cámaras que buscan y reflejan cada uno de sus movimientos y sobre
todo, adorándose a ellos mismos, genios que han sabido vivir sin trabajar,
logrando que sus vidas sean carne mediática.El narcisismo elevado a su enésima potencia alojado en
una eterna etapa anal es más de lo que algunos de los participantes de la Casa
como Marian, Francisco o
Mariano merecen que se analice. Y para
esos males no hay sanciones que valgan. (laubfal)
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