Cartas documento, bozal legal, abogados enfrentados, denuncias,
testigos, amigos y familiares. Todos tienen lugar cuando el escándalo
llega a la televisión. Semanas atrás, la separación de Bárbara Vélez y
Federico Bal desestabilizó el rating de los magazines y a aquellos que
quisieron tener a los protagonistas en escena. Intrusos pudo con ambos, y así también lo hizo ahora con Silvina Escudero.La violencia de género y la necesidad de concientizar de manera
masiva sobre la campaña, que nació bajo el título #NiUnaMenos, no dejo a
las pantallas de lado. El pasado viernes 3 de junio, la segunda marcha
multitudinaria en contra de la agresión física y verbal hacia la mujer
se hizo eco en todo el país.La televisión cumple una función fundamental al momento de lograr
difusión, y los testimonios en primera persona de personalidades
públicas actúan como fuentes directas. La funcionalidad no está separada
de la actualidad y el caso Vélez-Bal, Escudero-Amestoy lo ejemplifican
dentro del último mes.La denuncia pública de las partes y su exposición, consiguen que la
justicia y la tv viajen de la mano. Claro está que el éxito de temas de
dicha índole admiten responsabilidad por parte de los medios. Sin
embargo, no pude juzgarse el modo. Si bien la televisión no es la ley,
termina por cobrar para el público el mismo carácter a nivel informativo
que la decisión del Juez.

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