El conductor, contento como perro con dos colas, estaba eufórico por su
regreso, y era puro agradecimiento al productor que lo trajo al ruedo
otra vez. Para festejar la unión, no civil pero profesional, el conductor
quiso rendirle un sentido homenaje a su productor estrella, y por eso lo
invitó a un lugar privadoEl productor nunca terminó de saber las verdaderas intenciones del
conductor. Se sorprendió por lo extravagante de la propuesta. Iban a almorzar
para festejar el regreso y brindar por el debut del ciclo, pero grande fue el
asombro del productor cuando supo el destino del festejo.
"¿Dónde vamos a comer?", le preguntó.
"Vos callate que yo te llevo", respondió enigmático el conductor..
El chofer los llevó al hangar de aviones privados de
Aeroparque. El sector sur de la terminal aérea despacho en vuelo regular
un charter al que arribaron de inmediato. El sitio del almuerzo era Punta del
Este.Allí almorzaron platos sofisticados regados con el mejor champagne;
hablaron de trabajo y brindaron por el éxito. El conductor nunca terminó
de insinuarse ya que no quería pisar terreno resbaladizo. Cuando le propuso
al productor seguir el festejo en su casa esteña, de muy buen modo el
productor le hizo saber que debía regresar a Buenos Aires por cuestiones de
trabajo.El conductor mandó a su chofer a que lo lleve de vuelta al aeropuerto de
Laguna del Sauce, y lo vio partir en silencio mientras degustaba el
último sorbo de champagne. Aún saborea aquel almuerzo.

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